¡Pausa! ¿Esos son Tarzán, el Genio y Fievel Ratonovich? ¡Apunta!
Dispara
Dispara... pero descubriendo que salen cosas más interesantes con lápices de colores para los bocetos.
Hoy quería compartir con vosotros una chorrada que se me ocurrió viendo la peli de Thor. ¿Os acordáis de los Osos Amorosos (Ositos Cariñositos para nuestros vecinos del otro lado del charco)? Pues yo siempre he sido más Marvelita que DCsiana, pero no tenía ni idea de que Thor se transportara en arcoiris. La idea me sacó una carcajada algo contenida ¡espero que a vosotros también!.Y hasta aquí la entrada, el resto son una ristra de enlaces (más interesantes que la entrada en sí -pensaréis "eso no debe ser muy difícil"- y por ello recomendables).Elena Kalis sabe de lo que hablo, aunque su primavera me resulta inquietantemente parecida a su invierno. Lo que me lleva a la conclusión de que la susodicha vive por aquí cerca.
Discreto pero agradable ¿no os parece? ¿y si os digo que esta foto ha sido tomada este fin de semana? Vale, a lo mejor os da igual, pero ¿y si os recuerdo que dejamos la Navidad hace ya un tiempo? Entonces qué pasa, ¿que la dejan de un año para otro? La idea no era tan descabellada, después de todo, quitar y poner cuesta pasta (y cualquier propuesta parece mejor en estos momentos que sacar a la gente del paro, en cualquier país), pero entonces aparecieron en escena otros 2 elementos:
- Un oso polar con bufanda y esquís en el supermercado
-El roscón de Reyes francés, o couronne des Rois, es igualito al nuestro, con sus confituras y todo, sólo que éste de la imagen es el más parecido al que venden en el supermercado, corona dorada de cartón y sorpresa rompedientes incluídos. Por lo general no llevan nata. Foto por cortesían de Papilles et Pupilles-
Asi es, los franceses celebran el invierno. Dejan algunos adornos navideños, sustituyen a Père Noël por un simpático oso esquiador y ponen en venta con cierta rebaja todo el chocolate, la fruta confitada, los mazapanes y los roscones de Reyes que no se vendieron por entonces.
Como aquí no nieva, no os puedo enseñar nieve, pero voy a celebrar con nuestros amigos los gabachos la llegada del invierno mostrándoos algunos juguetes, que aunque no se hayan vendido, no creo que los pongan más baratos para una posible reventa:
¿Sabéis lo que es? … yo tuve que leer el cartón para caer en la cuenta. Es para hacer pompas. Al grano ¿no veis ahí un pene rosa? yo en cuanto lo vi me acordé automáticamente de ese capítulo en el que Peter Griffin, cuando trabajaba para la compañía de juguetes, presentaba al Señor Calabacín. 
Efectivamente, a los creadores les tenían que pagar tan poco o menos que a los ingeniosos del siguiente artilugio.
Es un cacho de plástico transparente pegado a otro cacho de plástico opaco que hace las veces de mango. Se supone que es una espada de luz. Siempre que le enciendas un mechero detrás, seguro que algo de luz refleja. Y en estas aparece un droide de combate B1 de Star Wars. Maquiavélico.
Es triste, pero hay gente que recibe regalos de estos por Reyes. Yo fui víctima de una de estas macabras intenciones. A una tía mía se le ocurrió un año regalarme una “Barby” o una “Nansi”, como prefiráis. Sí, dicen que el detalle es lo que cuenta, un poco de chocolate o de helado le hubiera salido más barato y yo le hubiera estado más agradecida. En serio, cuando la vi, pensé “vaya, un regalo, es algo fea, pero es bonito que se haya acordado de mi, con la de primos que somos". Hasta ahí todo bien. El problema llegó cuando la muñeca perdía pelo cual estudiante de último año de carrera y se le hundía la superficie nada más tocarla un poco. No tardó en perder una pierna. Ella leprosa y yo peguntándome qué mal le había hecho para que le sucediera aquello. Culpabilidad y trauma. Gracias, tía.
Muchos son los que conozco que disfrutan de un viaje en tren. Por un lado está el romanticismo que te envuelve cuando se van sucediendo al otro lado de la ventana paisajes diversos. Por otro lado están las interminables horas de viaje cuando hace frío, tienes hambre y sueño, en general, no estás de humor. Es una pena que mi cámara no tuviera batería, porque explicar el viaje de hoy va a ser simplemente imposible... os dejo con unas palabras que os pueden ayudar a visualizar lo que ha sido (no es literatura, porque aquí la presente no sabe de eso). Palabras nacidas del observador romántico y palabras nacidas del observador con los pies en la tierra (Separados, el que tenga ganas de leer lo primero, que evite los puntos y viceversa):
Hace frío, el sonido de la lluvia se pierde entre los pasos de la gente apurada, el murmullo de las conversaciones y, de vez en cuando, algún tren que llega, que se va o la voz incomprensible de megafonía; pero la humedad y el reflejo de los cables en los andenes encharcados te indican que sigue ahí.
El tren comienza su recorrido y lentamente coge velocidad. Los edificios de la ciudad dan paso a la naturaleza, que empieza a vestirse de otoño. Las gotas de lluvia golpean las ventanas. Las montañas están salpicadas de verde, algo de amarillo y unos toques de rojo. Las más lejanas son azules, grises. Se hunden en las nubes y se dejan acariciar por la niebla. El cielo se funde con la tierra.
Un sendero de tierra mojada se pierde entre los árboles.
El campo de trigo, o de maíz (la velocidad y la ensoñación no te permiten distinguirlos) se extiende dorado entre el verde de los bosques. En algunos emergen lagos en los que se reflejan los árboles, en otros, la espesura de la maleza te hace preguntarte si existe el suelo.
Un túnel.
La mayoría de los árboles siguen mostrando un verde intenso. De vez en cuando se ve alguno amarillo o rojizo.
Un ternerito sigue a su madre torpemente entre la niebla. Ella espera paciente un poco más lejos.
La voz de megafonía irrumpe en los vagones para anunciar la proximidad de una nueva estación o el paso del carrito de los aperitivos.
La niebla se va quedando atrás y las nubes no son tan espesas. Algún que otro rayo de sol se cuela entre ellas. Nubes, no negras pero sí de un intenso gris a lo lejos.
Hay gente que recoge sus cosas y se baja. Llega el ronroneo de las maletas con ruedas. Otros llegan y se acomodan. Se escucha el pitido del silbato. Las puertas se cierran. El recorrido continúa.
Ríos de aguas que antes eran cristalinas ahora son negras.
Hay casas acá y allá. Leña cortada y amontonada. Húmeda. Respiras hondo para sentir la humedad. Huele a bebé recién cambiado.
Dos niñas saludan al tren mientras esperan para cruzar las vías.
Un carpintero trabaja en un tejado que por el momento sólo son vigas de madera.
Un rebaño de ovejas pasta. Entre ellas no sólo hay una oveja negra, son tres. Ningún lobo aparentemente.
Los árboles de los lindes del bosque se asoman sobre un canal.
Las primeras luces de la noche en los coches y en algunas casas. Chimeneas de las que sale humo.
Hay muchas estaciones abandonadas. Algunas albergan aparatos oxidados. Otras dejan escalar por sus paredes hiedras rojizas.
Las vacas se juntan, buscando calor entre ellas.
La niebla vaga entre los árboles.
Se encienden las luces en el tren.
Se escucha el crujir de los vagones al tomar una curva.
Ya sólo ves tu reflejo en la ventana.
Te levantas a por tus cosas y al abrirse la puerta notas el frescor y la humedad de la noche que te llega a los pulmones espabilándote súbitamente. La gente avanza poco a poco por el andén. Sin darte cuenta, han desaparecido.
La noche se vuelve cada vez más fría mientras buscas el autobús de vuelta a “casa”. ¿Será que el invierno llega sin dejar mucho margen al otoño o serán las ánimas que vagan lo que hace esta noche tan fría? Lo más posible es que sea lo primero, las ánimas huyen esta noche de los juerguistas y los niños que les piden dulces.
Recuerdo que la primera vez que oí hablar de ellos fue hace unos años. La voz de Matías Prats hablaba sobre verduras y música en Madrid, así que decidí apartar la vista de mi –no recuerdo exactamente lo que era pero seguro que estaba muy bueno porque lo había preparado mi madre y ya sabéis las mamis qué bien cocinan (y la mía más)- plato para ver cómo unos sujetos vestidos de negro hacían saltar los productos de la huerta de un lado a otro en un ambiente distendido.
Esto fue lo que me vino a la cabeza cuando leí que actuarían en Pau, pensé que no estaría mal ver algo nuevo y hasta allí que se movieron mis pies.
Abténganse los malpensados, eso es un instrumento de música y sólo eso. Espero. Y muy curioso, tenía agua dentro y al soplar producía un gorgorito inquietantemente rítmico.
Increíble pero cierto: habían tallado las verduras para hacer instrumentos de viento y cuerda. Pensaréis que me sorprendo con cualquier cosa, pero es que tenía entendido que hacían percusión, sólo percusión. Y me tendríais que haber visto cuando vi la flauta-zanahoria, pero si había algo impresionante, eran el puerro-violín y la trompepimiento ¡¡una trompeta hecha con pimiento!! (yeah).
Ésta no es la trompepimiento. La trompepimiento tenía clase.
La música que presentaban era en principio con un toque un tanto étnico, pero según iba avanzando el concierto te iban sorprendiendo con electro al más puro estilo Kraftwerk o con Death Metal del BESTIA. Les faltaba vocalista, pero hacía que te doliera la cabeza casi lo mismo (es decir, Death Metal del malo, porque si fuera bueno no jode tanto). En esencia, agresividad al máximo. Para reproducir este sonido empezaron a destrozar a golpes y arañazos (rítmicamente, eso sí) a unas pobres coles.
Iban arrojando garbanzos y alubias sobre una plancha metálica para conseguir más sonidos.
Hay que decir que, menos el electro, el resto de estilos eran algo siniestros, casi como la banda sonora de una peli de terror (una de las melodías se llamaba “Masacre de hortalizas” y, creedme, causaba cierta inquietud).
El final fue lo más abstracto. No recuerdo cómo se llamaba la canción, pero repartieron chubasqueros para la primera fila. Cada intérprete delante de un micro, de pie. En la mano derecha un tomate. En la izquierda, otro tomate. Y empezaron a hacerlos chocar… Al principio había algo de ritmo, luego se sucedió el simple placer de la destrucción y el regocijo de ver como la pulpa de los tomates saltaba en todas direcciones a chorreones. Matanza de tomates. Es inevitable pensar que entre aquellos músicos hay algunos miembros que de pequeños odiaban comer verduras. Y así es cómo del amor y el odio sale la inspiración creativa.
Os dejo con un par de vídeos. Como de costumbre, la calidad es horrible, os aconsejo que no los veáis, si no que los escuchéis (aunque el sonido deja algo que desear también).
PD: Al final del concierto reparten sopa, pero no esperéis (si vais a verlos alguna vez) que os sirva de cena, era una tapilla ridícula que recordaba más al racionamiento de un campo de concentración que a una invitación postconcierto, pero bueno, no estaba mala. Lo que cuenta es el detalle.
Esta ciudad que se pronuncia “Po” no tiene que ver ni con ríos, ni con culos, ni con teletubbies. Bueno, tiene un río, pero no es el italiano, el que pasa por aquí es el Gave. Lo de culo no sé si tenía más relación con cómo lo decían en el Canadá francófono o con Alemania. Por desgracia, demasiadas historias (y muchas de ellas muy buenas) y demasiada gente de tantos sitios en tan poco tiempo, muy concentrado. Y lo otro, mejor olvidarlo.
Esta ciudad entre los Pirineos y el Atlántico es inquietantemente parecida a Málaga (pero algo más limpia –eso duele, malagueños, pero hay que aceptar la realidad de nuestras calles. No es normal que de pequeño te miren mal porque tires un chicle al suelo y ahora que han pasado 15 años o más veas a ancianos tirando sus pañuelos llenos de… ah no, los gapos los escupen tan contentos, no quiero imaginar lo que puede haber en ellos…).
Esta es la ciudad que me acogerá por un año. Espero poder contaros poco a poco lo que es o lo que tiene, porque en realidad, acabo de llegar, y no tengo ni idea.
*Mandando a la papelera de reciclaje primeras impresiones* *"Reinicializando”*